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Hola amig@, soy Andrés,

 

Cuando me di cuenta de que debería haber hecho lo posible por sacar mejor nota en el bachillerato, ya era demasiado tarde y a pesar del intento final de compensarlo con la selectividad, la “tragedia” ya estaba servida: NO TENÍA NOTA PARA ENTRAR EN MEDICINA L.

Socorro ¿y ahora qué hago? No quiero estudiar “una carrera parecida”, no la hay. Yo quiero ser médicooo.

 

¿Te suena?

 

Intenté entrar en una universidad privada en España, luego pensé en algún país cercano y familiar como Reino Unido o Italia (Requisitos peores que en España para entrar), o en EEUU ya que estudié en un colegio bilingüe y tenía la prueba de acceso  requerida (el sistema de la universidad de allí impide ni siquiera pensar en un posible traslado de expediente y el título de médico no está oficialmente reconocido en España y los precios son desorbitados), o en un país en que se hable español y tenga algún conocido, como Argentina (el título no está reconocido en España y luego es muy difícil convalidarlo. Además está muy lejos).

Una amiga del colegio me había hablado de Polonia pero en principio no me atraía lo más mínimo la idea de irme  a ese país … ¿Poloniaaaa? ¿Nos hemos vuelto todos locos? … ¿A que estás pensando eso?

 

 

El periplo según Andrés

 

¡Qué follón! Conversaciones telefónicas marcianas con la universidad, papeleos, incertidumbre sobre si estaríamos haciéndolo todo bien. Separarme de mi familia J/L y de mis queridos amigos L… son sólo algunos de los líos que me surgieron mientras hacía la inscripción.

 

Una vez acabada y ya aceptado en la universidad, tocaba ir allí, ver aquello e instalarme. Al llegar a Varsovia alquilamos un coche para llegar a Lodz, hasta aquí todo bien, el problema llegó al intentar encontrar la residencia. Era ya de noche y había que encontrar una calle entonces impronunciable, sin GPS, claro. Al final llegamos y la habitación de la residencia resultó ser fría y sin decoración alguna. En el par de días que pasaron allí mis padres y mi hermano (que vinieron conmigo para echarme una mano con la instalación) convertimos aquel cuarto en una minivivienda mucho más personal y acogedora y, con mucho, mejor decorada.

 

Las clases allí son en inglés, aunque tenemos una asignatura obligatoria de polaco los dos primeros años, así que se va aprendiendo poco a poco. Después de tres años puedo decir que hablo el idioma local con bastante fluidez, aunque aún me estanco en algunas palabras. Otra gran ventaja de las clases en Polonia, es que en la división de estudios en inglés somos pocos, así que en mi clase (3º de Medicina) somos 24, mientras que en España, en la facultad de Valencia, por ejemplo, son 250. Desde que empecé siempre tuvimos muchas prácticas, lo cual a mi me vino muy bien porque me es más fácil aprender conceptos prácticos que estudiarlos de memoria.

 

En poco tiempo (hablo de un par de días) teníamos ya un buen grupo de amigos, cada uno de una punta del mundo, en la residencia. Es la ventaja de vivir todos juntos.

 

En resumen podría decir que al principio la vida en Polonia era un poco confusa, pero ahora ya conocemos dónde están las bibliotecas, las clases y los hospitales (y los bares, los pubs y las discotecas) y, así, todo es mucho más fácil y nos aclaramos mucho mejor por allí.

 

 

- Andrés

 

Hola padres, soy Amparo, la madre de Andrés,

Desde que Andrés nos comentó a mi marido y a mí que quería estudiar medicina, empezamos a insistirle en que debía poner el máximo empeño en sacar mejores notas en el bachillerato. Aprobaba y no le iba mal, pero veíamos que no estaba consiguiendo una media suficiente y no había manera de metérselo en la cabeza. Ni siquiera en su última oportunidad, la selectividad, se concentró 12 horas al día para sacar la máxima nota posible.

 

¿Os suena?

 

La nota final (7’3) aunque no era mala, no le servía para entrar en ninguna facultad de medicina de España. Le dijimos que eso era lo que había y que fuese pensando en qué otra carrera quería estudiar. Tampoco queríamos que se sintiese obligado a estudiar medicina sin considerar otras posibilidades. Quizá estaba demasiado influenciado por la tradición familiar: yo soy médico y también lo son mi hermano y mi padre y lo fueron mi abuelo y mi bisabuelo … hay que reconocer que podía haber cierta presión, pero era su decisión y no quería otra cosa.

Lógicamente, me moví todo lo que pude, fui a hablar al Decanato de mi facultad para informarme de las posibilidades, hablé con buenos amigos que son profesores en facultades de medicina de distintos países, empezando por los que me parecían menos traumáticos como Reino Unido o Italia y explorando luego cualquier otra posibilidad hasta Estados Unidos o Argentina. Ninguno de estos lugares resultó adecuado por una u otra razón.

Necesitábamos encontrar una facultad sin nota de corte, sin examen de acceso en un idioma desconocido, con titulación homologada en España, en un país con un estilo de vida que no me diera pánico … lo veía todo complicadísimo, pero por encima de todo, no quería aceptar que mi hijo tuviese que dedicarse a algo que no le gustase cuando tenía tan claro lo que quería.

 

Andrés me contó que su amiga Ana se había ido a estudiar medicina a Polonia ¿a Poloniaaaa? Dijimos mi marido y yo ¿se ha vuelto loca? ¿su padre se ha vuelto loco también?

 

El periplo según Amparo

 

¡Qué agobio! Dándole vueltas a cómo vivirá, si estará bien la residencia o será mejor buscar alguna otra alternativa, qué comerá, cómo se aclarará con la compra, la ropa, cómo le irá en la facultad…

Fuimos todos a Lodz con Andrés, mi marido, mi otro hijo y yo. Nos costó mucho encontrar la residencia, encontramos la habitación fría e impersonal, pero con unas compras y un poco de idea en un solo día quedó convertida en acogedora y personalizada (me he convertido en experta en transformación ultra rápida de habitaciones de estudiantes). Al día siguiente, localizar la central de la facultad, recoger documentos, buscar el banco adecuado para abrir una cuenta y hay que tener en cuenta que en la mayoría de los establecimientos no hablan inglés.

Ahora, después de la experiencia, me resulta todo más fácil sobre todo teniendo en cuenta que Andrés ya se entiende fenomenal en polaco.

 

Desde entonces, a algunos conocidos que tienen hijos en esta situación que me han preguntado por la alternativa de estudiar medicina en Polonia, les he puesto en contacto con Andrés para que les diera información y consejos y ya han ido varios españoles estudiando allí.

 

Ahora, a través de esta pequeña agencia, esperamos poder ayudar a los estudiantes y a sus padres, de una manera más profesional y completa.

 

 

- Amparo

 

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